Del otro lado del río

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By Veronica Malamfant

Ella era morocha pero siempre ocultaba su bella cabellera tras una peluca rubia, era una verdadera Geisha, daba placer a todo hombre que se le acercaba, pedía a gritos ser querida, cuidada, amada, invertía su tiempo y dinero en convertirse en un instrumento de arte y devoción al ser amado que nunca llegaba.
Un buen día conoció un hombre de valores y con principios similares a los suyos, se enamoro perdidamente como hacía tiempo no lo hacía, sus noches eran dedicadas íntegramente a él, sumisa, lo esperaba, lo miraba, lo escuchaba pero él la hacía hablar y ella respondía sus pedidos de forma amable.
El encuentro nocturno violaba sus más antiguos secretos, que los ponía a sus pies, era tocarse y estallar en un fuego que colmaba su alma. Sin el ella no tenia vida, sin el ella se quedaría vacía.
Como presagio de algo que temía en sus entrañas el confuso e inseguro hombre la borro de su vida como se borra una oración escrita en lápiz sobre un papel. Todo lo que dijo sentir por ella, se desvaneció. La geisha había quedado vacía, sin contenido, lejos de él, del otro lado del muro que el había construido para alejarla, ella ya había pasado a ser una bloqueada más en la vida de este hombre insensible y cruel. Cansada y enferma de tanto sufrimiento dedico su vida a prostituirse, los hombres que se le acercaban la ultrajaban, violaban, golpeaban, y ella cual geisha inmutable soporto uno tras otro los embates del destino.
Un buen día aquel hombre que su corazón había partido en pedazos irreparables, arrepentido al darse cuenta que ella había sido la única mujer que lo había amado, la busco, cruzo la costa en un barco de papel.
Inútilmente marcho por las calles de la tumultuosa ciudad, peregrinando por los más horribles tugurios. Ella había desaparecido como si la tierra la hubiera devorado ante tanto desamor. El no se dio por vencido, busco, y finalmente una pista lo dirigió hacia el lugar menos pensado. Yacían su frágil cuerpo en una tumba de hielo y sal en el cementerio metropolitano. El hombre que la había buscado durante meses cayó rendido a los pies del frio mármol, donde la inscripción decía: “lo único que me reconforta es haberte sentido mío aunque sea por un solo instante, ese instante que me llevare a la eternidad”.
Su rostro devastado y sin fuerzas beso la lapida y entendió que aquella geisha lo había sido todo para él y que la peor tortura seria seguir adelante sin su presencia, sin su voz sin su corazón.




By Verónica Malamfant

Una noche, como tantas otras, habíamos llegado al lugar más top de la ciudad. Los jueves, Congo, era la cita obligada. Mujeres bellas y hombres guapísimos todos combinaban como en una perfecta obra de arte. Nos acercamos con mi amiga a la barra, conocidos y más conocidos se acercaban a saludarnos, es que muchas veces actuábamos como la atracción del lugar. Pero esa noche lo cosechado dio su fruto. Un grupo de italianos se acercaron Eran los más llamativos del lugar, impecables, sus trajes de Zegna emanaban elegancia y no disimulaban la perfección de sus marcados cuerpos. Uno en especial miraba el profundo escote de mi vestido negro y ajustado, donde en mi espalda asomaba inocentemente mi tanga hilo dental con pequeños y diminutos brillantes. Su mirada me penetraba, me desnudaba tanto que la evadía. Pero su insistencia lograba incomodarme, me hacia sudar. Un comentario suyo especialmente dirigido me hizo voltear, justo allí, supe que estaba perdida en su mirada, altanera, desafiante y que solo me transmitía una frase "quiero tu sexo". Me guiño un ojo y con su dedo me señalo y me increpó; "rubia a que no te animas a sentarte acá" Mis piernas temblaron por un instante, pero el desafío me pudo. Con un caminar sexy me dirigí hacia él. Sin quitarle la mirada de sus azules y profundos ojos, le tome la mano, y la hice rodear mi cintura. Con una fuerza bestial me sentó en sus piernas. El ya estaba duro. Me habló al oído. "Desde que te vi entrar te quise tener así" me besó el cuello, deslizó su mano por mi marcada espalda hasta entrar en mi cola, y no le importó que teníamos publico cautivo, pero parecían ser nuestros cómplices. El lugar explotaba de gente, que caminaba y brindaba, y él me masturbaba frente a todos, mi cara se descomponía de placer. No sabía cuánto más podría aguantar sin gritar. Tan hábil eran sus dedos que perfectamente se podía pensar que tenían vida propia e independiente de todo pensamiento. Sus amigos le hicieron un gesto de nos vamos todos a la casa del ruso. Me pregunto susurrando si nos íbamos también, con las pocas fuerzas que me restaban le asentí con una sensible inclinación hacia adelante. Firme y como todo un macho posesivo de su hembra me dirigió hacia el estacionamiento. Subimos a su camioneta, me practicó un sexo oral implacable durante aproximadamente una hora, me tenía en su boca, no me dejaba ir, lloré y grite, tanto placer me enmudeció aun mas, me quitó el vestido me dejo desnuda hasta llegar al apartamento, Al bajar me facilitó su saco, no me dejo ponerme otra cosa. Una vez en el departamento, estaban sus tres amigos en la cama con mi amiga. Nosotros miramos tímidamente a un costado, como no queriendo interferir. Era una imagen perfecta, digna de una película triple XXX. Una doble penetración y sexo oral, todo al mismo tiempo. Me volví a calentar, creí volverme loca de placer mientras el tano me tocaba y besaba, entonces, me tomo de la mano y me llevo a otro cuarto. Me penetro de todas las formas conocidas y de las desconocidas también, pero en un momento tome la rienda de la situación, le chupe la cola, lo penetré con mi lengua y con mis dedos, lo embebí con toda de mi saliva, el gozaba, gemía tan fuerte que sus gritos atrajeron uno a uno a sus amigos que sin darme cuenta ya tenían sus lenguas en mi vagina. Los dejé estar allí durante unos minutos hasta que los saqué de manera sádica. Amanecía y el sexo era cada vez más fuerte. Más salvaje. Ya era todos contra todos. Nos resumimos en la misma cama. Mi tano, ya no era más mi tano, era de ambas. Nos comía los pezones, nos masturbaba. Los amigos también hacían lo suyo. Sin fuerzas y habiendo tenido incontables orgasmos nos vestimos, nos despedimos y esa vez fue la última vez que los vi. Aun guardo el teléfono con aroma Armani, no sé por qué nunca me atreví a tirarlo, nunca me animé a llamarlo.





By Daniela Jorquera Micucci

Ella nunca buscó amor, siempre amo su libertad por sobretodo, tanto así que muchas veces estuvo sola, cuidando de su trabajo y viviendo bien, tuvo sus aventuras, pero nunca hicieron cambiar el rumbo de su vida.

Hombres elegantes e inteligentes, se podría decir que tuvo suerte, nunca tuvo malas experiencias, muy por el contrario, siempre ella manejaba a su antojo a quien estaba de turno, sabía darles lo que ellos buscaban, nunca tuvo problemas con ello, los amó a su manera a cada uno, fueron felices, pero ella nunca quizo comprometerse.

Continuaba su vida trabajando y saliendo con caballeros muy interesantes, todos muy diferentes entre si, tanto en físico, como en los trabajos que tenían.

Hasta que se encontro con uno diferente, uno que deseaba, uno que era hombre completamente, con una carácter tan duro como el de ella, al que no podía controlar, por mas que lo deseara, uno que iba y venía de su vida como mejor le parecía.

Muchas veces lo maldijo, muchas veces lloró por el, muchas veces se propuso no pensar en el, sin embargo, entre tantos hombres que le ofrecían, lo que ella aceptaba, sólo por corto tiempo, la imagen de el no se borraba de su mente, se autoconvenció que era un capricho y se acostumbró a verlo casi nunca...

Casi, porque cuando se veían, parecía que el universo solo se iba a mover cuando ellos lo decidieran, desde verlo y besarlo hasta entregarle su alma en una abrazo, no le importaba nada cuando estaba con el, si lo vería de nuevo o nunca mas.

Solo verlo o escucharlo le bastaba para ser feliz por meses, aunque otro caballero la acompañara.

Era una relación extraña, pero de un modo u otro sabían que podían contar con encontrarse en algún momento.

Cada vez era mas fuerte el deseo de verlo, de tocarlo de ser suya de perderse en sus brazos hermosos, de escuchar su corazón después de que hacían el amor recostada sobre su pecho, su olor, sus manos suaves, su manera de hablar, su sonrisa, como pronunciaba su nombre cuando la amaba, como sus ojos brillaban al mirala, era lo que ella quería, pero nunca se lo dijo, se conformaba con verlo cada vez menos...

Muchas veces ella pensaba que era un fantasma, algo que su imaginación había creado, pero lo llamaba y el respondía el teléfono, no era una alucinación, el existía.

Hasta que su espíritu rebelde no la dejó continuar, lo llamó, el por supuesto llegó, los desvistio sin dejar de besarlo, el se dejaba querer y la animaba a seguir solo sonriendo, ella solo quería sentir el sabor de su boca, su olor, su pecho, su calor, sus manos recorriendola y el inmenso placer que el le regalaba, el hacía todo lo que ella pedía eran muy potentes sus encuentros, el resistía y ella entregaba, después el entregaba y ella recibía.

Sus bocas eran insaciables, no paraban de besarse y cada vez el calor era mas difícil de soportar, mas que sexo, era una batalla, pero se amaban así violentamente, eran iguales, no se daban por vencidos eran poderosos juntos y eso era los que los enloquecía, el arremetía duro entre sus piernas y ella lo ahogaba entre sus pechos, se mordían se arañaban, se hacían daño muchas veces, pero les daba placer, hacían locuras uno contra el otro no dejaban de sorprenderse, ella lo torturaba diciendole que después vería a alguien mas, el le decía que los conocía a todos, pero que siempre había un lugar especial para el, ella odiaba oir eso, el tenía razón.

Enloquecían dandose gustos... Cada batalla les dejaba heridas en la piel y el alma.

Ella no pudo mas, tras el último encuentro...

Busco un arma que su padre le regaló, pensó en ese amor que la enloquecía...

Le pidió perdón a la vida y disparó sin temblar contra su cabeza, muriendo de inmediato.

Jamás le dijo te amo, el tampoco, a pesar de lo que les ocurría...

El cuando se enteró, se dirigió a la playa y mirando el mar que ella adoraba tanto...

Sacó un arma e hizo lo suyo...


By Sexy Lulu

Esta historia se remonta a una charla muy hot que tuve con un vago muy interesante, con quien pude soltar muchas de mis fantasías. Después de un par de horas de una conversación muy calentita, me animé y le escribí el siguiente mail:
Bueno lindo, te mando también un mail, por las dudas no leas el último msj. Realmente me encantó conocerte, y me quedo con las ganas de seguir fantaseando con cogerte. Me encantaría poder cumplir con vos mis fantasías mas ocultas.
Me calienta mucho la idea de coger a solas con vos, serle infiel al flaco con alguien que me calienta tanto. Te imagino en la calle, cruzarnos de casualidad y que nuestras miradas queden fijas en el otro, sentirme penetrada por tus ojos, sentir tu calor con el simple roce de la calle.
Me seguís, querés acercarte y no sabes cómo. Yo me hago la inocente pero me doy cuenta que me venís siguiendo y me calienta mucho. Entro en un bar, pido algo de tomar y te veo entrar, haciéndote el distraído, tratando de disimular tus ganas. Para disimular también agarro un diario y me hago la que leo, mientras siento el calor dentro mío. Es fuertísima la atracción, ambos estamos desesperados por tocarnos, por sentir nuestra intimidad explotar.
Discretamente te acercas, me preguntas si terminé de leer el diario, yo te miro extasiada, dichosa, deseosa de que te animes a más. Entonces me preguntas si podes sentarte conmigo. Intento disimular mi ansiedad y te contesto con un simple gesto que te da lugar a mucho más. Te sentás bastante cerca, puedo sentir tus piernas debajo de la mesa, jugando cada vez más para acercarte. Las mías comienzan a abrirse lentamente, se que en algún momento tus manos van a atreverse a más. Y la conversación se hace cada vez mas entrecortada.
Nuestros ojos se pierden en nuestros labios sedientos de sexo. Y mientras siento la pasión que me desborda, pienso en mi marido que seguramente estará trabajando, seguro de que yo estoy en casa como siempre, haciendo las cosas que tanto me aburren. Siento internamente la necesidad de salir de esa cajita de cristal, quiero probar los placeres mas prohibidos de la vida. Y me dejo llevar, dejo que mis deseos por primera vez me controlen. Me desbordan por el deseo. Deseo de sentirme penetrada, de sentir la firmeza de otro hombre dentro mio. Y entonces siento tus dedos que tímidamente se aproximan a mis rodillas, empiezan a acariciarlas con firmeza, demostrándome tu deseo desesperado. Y nuestros ojos se petrifican, se paralizan, nuestros labios se abren lentamente. Siento que te acercas cada vez más, y mi cuerpo sólo quiere entregarse, sólo quiere sentir la adrenalina de lo prohibido. Y tus manos se animan a más, y más. Mis muslos tiemblan ante lo próximo. Sé que estas muy cerca de mis fluidos mas íntimos. Quisiera disimularlo un poco, pero a esta altura es imposible, estoy absolutamente mojada, tiemblo del placer. Entonces, cuando estás cada vez más cerca, te tomo las manos y te separo de mi. No puede ser que caiga tan fácilmente ante un total desconocido, no puede ser que mis deseos sean más fuertes que mi voluntad. Te pido disculpas y voy al baño. Entro desesperada y lo primero que hago es lavarme la cara con agua muy fría, me paso las manos por mis pechos que están absolutamente erectos. Mi corazón late sin pausa, la agitación me desborda. De pronto siento la puerta que se abre. Trato de disimular mi estado, pero en ese instante siento unas manos ardientes que me toman de mi cintura y me traen contra un cuerpo viril y erecto. El espejo me deja verte, deja ver tus ganas incontrolables. Me tomas de la entrepierna y tus dedos corren mi tanguita indefensa para empezar a frotarme toda. Me desespero, siento que voy a explotar, no puedo controlarme. Me ves muy loca y para controlar mis gemidos me comes la boca de un beso, tu lengua ardiente se mete profundamente en mí. No aguanto más, quiero sentirte adentro mío, sentir tu calentura explotar en mi. Entonces me levantas con tus brazos fuertes y corpulentos, me abrís las piernas, me subís en la bacha del ante baño y sin dar más vueltas sacas tu hermosa pija, durísima, y me penetras dulcemente. Mi cuerpo tiembla, no puedo creer estar haciendo esto, atreverme a soltar mis ataduras y dejar mi placer fluir. Me penetras cada vez con más fuerzas, siento tu miembro cada vez más profundamente, mientras me devoras con tus besos, y me comes las tetas, que a esa altura están totalmente libres y gozosas. Después me bajas y rápidamente me das vuelta. Yo abro las piernas deseosa de sentirte. Tus manos toman mi cabello y me empezás a lamer el cuello, la espalda, mientras me coges con todas tus fuerzas. El placer es extremo. Empiezo a sentir el temblor que devora mi ser. Entonces me doy vuelta y me alzas con fuerza. Siento tu pija profundamente, froto mi clítoris con desesperación hasta que no da más....no da más.....mi ser explota del placer. Mmm, y vos seguís besándome desesperadamente. Entonces, cuando sentís mi placer complacido, me pones tu pija calentita en mi boca, y con un movimiento fuerte pero cadencioso empezás a pajearte para mí. Me desespero una vez más. Quiero tener tu leche en todo mi cuerpo. Veo tu cara de placer y me excita aun más. Entonces, siento todo el calor de tu ser en mi boca y en mis tetas, muchísimo, riquísimo, dulce. Tomo tu pija entre mis manos y sigo chupándola, quiero sacar hasta la última gota, quiero todo para mí. Mmmmmm, nuestros cuerpos se unen finalmente en un abrazo insaciable, feliz, libre. Rápidamente acomodas tu ropa y te veo salir. Nuevamente me lleno de agua helada para calmarme. Me siento absolutamente plena. Mi cuerpo aún tiembla pero tengo que salir de ese lugar. Salgo disimuladamente y vos ya no estás ahí. Mientras camino por la calle nuevamente, vuelvo a pensar en mi marido que seguramente está en su trabajo, pensando que yo estoy en casa, rodeada de la maldita rutina. Una sonrisa se apodera de mí. Pude vencerla, la rutina ya no me tiene presa, ni me tendrá nunca más.


by Verónica Malamfant

Era de noche y llovía, la tormenta que nos llevó hasta ahí había mermado, así que me animaste a internarme entre los médanos de esa playa desierta que tanto te gustaba, Me tomaste por la espalda, rasgaste mi vestido como queriendo arrancarme el alma, me besaste, tu lengua corrió de lado a lado por mi espalda ya mojada por la lluvia, el viento helado contenía una fina arena que lastimaba mis piernas, pero no te detuvo, me sostuviste con tus manos presionando mi cuello, querías asfixiarme y que sintiera el placer de que mi vida fuera por un instante tuya, en el limite donde se entremezclan la locura y la razón mi entrepierna se empapó y mi diminuta tanga ya había perdido su sentido en algún instante previo, tus dedos se entrelazaron para hundirse con fuerza dentro mío. Mi boca no tuvo mas remedio que abstenerse a los deseos de comerte, porque el tiempo se había detenido justo ahí.
Cuando finalmente me soltaste, tu río furioso desembocó en mis labios. Entonces nos abrazamos tan fuertemente que nos fundimos en un solo cuerpo. Fue el mejor de los polvos salvajes que recuerdo, y también lo ultimo que quiero recordar.




By Daniela Jorquera Micucci

Acababa de recibir una llamada temprano no había alcanzado a despertar cortó y se acercó a la ventana …
Empezó a recordar…
Ella estaba en el bar de un hotel, si bien no era bella, era muy atractiva le llamó la atención de inmediato, le envió desde el otro lado del bar un Martini, para iniciar un acercamiento, el ya no era un niño y ella según lo que el percibió era una chica de la noche…
Ella recibió aquel trago y miro al caballero que se lo enviaba, el esperaba mas, tal vez erraba su juicio cuando la vio…
El decidió acercarse se sentó junto a ella y se presentó: Alberto -dijo, ella sonrió y le dijo- Cómo quieres que me llame? Alberto no se había equivocado ella estaba empezando su labor, era invierno llovía mucho y ella estaba vestida como si fuera a una fiesta. El le dijo: Cuánto cobras? Ella responde depende de lo que quieras. Eso definitivamente no le gustó, pero nunca dejaba un negocio sin cerrar… Así que le dijo toda la noche a libre disposición… Ella responde es posible que no puedas pagarme algo así, el dijo puedo eso y más, ya no era un negocio era un lucha quién podía mas
El dijo no sabes lo que hago ni lo que tengo, ella responde… Tu tampoco.
Dejan el bar y se dirigen a la habitación Alberto quería descubrir algo en esa mujer sin nombre, entran y ella se sienta en la cama lo mira detenidamente y le dice ¿Qué haces solo? El responde te miro.
Ella dice quiero irme…
El le abre la puerta, ella no sale, se calma estaba nerviosa, el se quita la ropa ella lo sigue la cama está lista se acuestan ella busaba con su boca el sexo de el , Alberto la detiene, no te traje aquí para esto, quiero solo que me acompañes, ella no puede comprender, el la abraza, sintieron calor abrazados se besaron con tranquilidad, se acariciaron y durmieron esa noche en la que la lluvia caía sin cesar, a las 5:00 am suena el móvil de Alberto y responde. Debe esperar un día mas porque el clima retrasó el vuelo de su socio y debían atender este negocio que era muy importante.
Ella despertó al oírlo hablar y le pregunta si debía irse, Alberto le dice tranquila debo esperar otro día acá, ¿Cuánto me cobras por otro día mas?
Ella rompe en llanto, el no comprende, la abraza, trata de entender lo que ocurre… Mi nombre es Ana hace un año un día como este mi esposo y mis hijos murieron en un accidente de tránsito, mi mundo se acabó y ahora hago esto para sobrevivir. El limpia su rostro y la besa dulcemente sin dejar de abrazar su cuerpo desnudo, algo ocurrió cuando la vio frágil, e hiceron el amor sin nada más que perder, llovía copiosamente mientras en esa habitación la magia ocurría, el la trataba con dulzura y ella le entregaba su corazón sin pensar en nada mas, besos profundos, caricias intensas, calor, sexo dulce, sin apuros ni trabas, se entregaron con deseo, no eran niños, no había misterios entre las sábanas, era un constante de sabores aromas y sonidos dulces y cálidos, sonreían como adolescentes, aunque ella tenía mas de 30 y el algo mas de 45, sus cuerpos se enredaban en esas sabanas y sus almas iban con cada movimientos reviviendo renovando esperanzas perdidas, sexo, dulzura, calor, humedad, abrazos y besos sinceros
Pasaron todo el día siguiente conversando y entregándose, como si las horas que quedaban para separarse fueran las últimas.
Ella le dio todos los gustos, el a ella también, disfrutaron, como si no hubiera mañana.
Sonó el teléfono una llamada temprano Alberto no había alcanzado a despertar cortó y se acercó a la ventana… Hace ya 15 años que compartía su vida con Ana, eran inseparables.
Ana le decía amor acabo de volver a la cuidad…¿Cómo están los niños? me muero por besarlos a los tres… El le dice cariño te espero con la chimenea prendida, ten cuidado manejando que llueve mucho…



by Estrellita
Solo fue una noche, donde cada uno puso en práctica lo conversado en largas sesiones de chat nocturno, en ese verano, verano caliente, con desasosiegos, con ganas de sexo….
Varias cosas los separaba la edad, las experiencias, la diferente vida también y las ganas de no involucrarse emocionalmente con nadie…
Antes del encuentro en la casa de ella, se pusieron a tono con sus temores, el miedo de ella era no gustarle físicamente, y el temor de él era que ella se asustara de su maldita cicatriz que le atravesaba toda la mejilla derecha, resultado de una botella en medio de una pelea callejera…
El primer instante, ese cara a cara solo les transmitió un montón de fuertes sensaciones, de intriga, de observar que reacción tenia el otro, de poder percibirse luego de esas sesiones de chat, pero la mas poderosa de todas fue ver la sensualidad que ella irradiaba dentro de ese aspecto tan lleno de diversidades, tan pequeña a su lado, tan indefensa, tan aniñada a pesar de sus largos treinta y pico…, metida en sus jeans ajustados…y con sus pies descalzos. él, tan joven, pero tan varonil, tan fuerte, pero tan tierno a la vez…
Había que romper ese primer instante y solo atinaron a sentarse a charlar de obviedades, hasta q el silencio se adueño de la situación, y solo quedo una larga mirada, mirada que solo tenia una misión, llevarlos directamente a la cama, él solo la tomo de la cintura, en un corto movimiento y la trajo hacia su cuerpo, buscando su boca, primero suavemente, metiendo su lengua y saboreándola…y ella correspondió pegándose a su cuerpo, dejando que él se adueñara de su cintura, y de su boca.
De un solo brinco la cargo y a tientas fue buscando el sitio final… ella rodeándolo con sus piernas y sintiendo ya su abultado y caliente extremo no pudiendo dejar de besarse, él solo podía sentir su breve peso agarrándola de la cola…
La dejo en la cama, se saco la camisa… mientras ella solo lo tomaba de su cintura con los pies invitándolo a que se tirara encima de ella…así estuvieron uno encima del otro besándose, hasta que el con rapidez le saco el jean y la musculosa…observándola con deseo, y sin dejar de acariciarla suave pero con firmeza fue metiendo su mando debajo de la tanga, sintiendo lo mojada que estaba y el calor que irradiaba… no podía dejar de sentir lo sensual que era, de percibir su fragancia… y de un solo movimiento le metió sus dedos… observando como se transformaba su cara, un leve quejido de placer la acerco más hacia él, agarrando con su mano su pija hizo unos movimientos mientras, pasaba su lengua por sus labios y con una sonrisa juguetona…puso su miembro en la boca…solo se entrego y ella solo logro que no aguantara mas, y acostándola rápidamente boca arriba, la penetro con firmeza….y ya no podía detener el ritmo…solo quería acabar, y llenarla de su leche…

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